La industria deja una huella en el paisaje: minas de carbón, canteras de caliza, explotaciones de hierro… marcas visibles que nos recuerdan cómo obtenemos energía o materias primas para fabricar otros materiales como el cemento o el acero. Este proyecto propone transformar esa idea de “huella” en algo positivo: reutilizar residuos industriales y urbanos para crear nuevos elementos constructivos sostenibles. Así se reduce el uso de recursos naturales, se evita que los residuos acaben en vertederos y se puede contribuir a reducir las emisiones de CO2 asociadas al proceso de fabricación del cemento portland tradicional.
El proyecto quiere crear un prototipo constructivo sostenible, diseñado por arquitectos y artistas y fabricado por científicos, usando residuos industriales y urbanos. Está pensado para ser empleado en comunidades vulnerables, donde la falta de planificación y la acumulación de residuos son problemas reales.
Durante la realización del proyecto se ha trabajado con asociaciones, colectivos, vecinos, expertos y gestores para mapear necesidades y problemas reales del territorio. Con ellos se ha creado un grupo motor que, mediante metodologías participativas, ha generado propuestas constructivas y habitacionales adaptadas y escalables.
Como resultado, se produjo un módulo constructivo eco-social, hecho con un conglomerante con alto contenido de residuos, que demuestra que estos materiales pueden tener una segunda vida y contribuir a la economía circular.